1° De Mayo: Recuperar La Dignidad Para Reconstruir La Patria.

Este 1° de Mayo de 2026 encuentra al pueblo trabajador argentino frente a una ofensiva brutal contra sus derechos, su salario, su organización, su soberanía y su dignidad.

No estamos ante un ajuste inevitable ni frente a simples errores de gestión. Nos vemos cara a cara con una decisión política deliberada: disciplinar al pueblo trabajador, destruir derechos conquistados, desfinanciar a las provincias, entregar los recursos nacionales y transferir ingresos desde las mayorías populares hacia el capital financiero trasnacional.

Desde el Partido Justicialista de Mar del Plata reafirmamos que el trabajo no es una mercancía, que el salario no puede ser una variable de ajuste, que la dignidad del pueblo no se negocia y que la Patria no se entrega.

En esta fecha histórica, nos convocamos a mirar el presente desde el legado de Perón, Néstor y Cristina, contrastando nuestros valores con la realidad de la entrega soberana del gobierno de Milei y proyectando la construcción de una alternativa para Mar del Plata, con trabajo, justicia social, comunidad organizada y soberanía.

El legado de Perón, Evita, Néstor y Cristina: trabajo, dignidad y justicia social

El peronismo no nació para administrar la resignación. Nació para transformar la vida del pueblo trabajador. Nació para decir que la riqueza de una Nación no podía seguir concentrada en pocas manos mientras quienes la producían vivían sin derechos, sin descanso, sin protección y sin dignidad.

Con Juan Domingo Perón y Eva Perón, la Argentina vivió una de las transformaciones sociales más profundas de su historia. Las y los trabajadores dejaron de ser una variable descartable del sistema económico y pasaron a ser el corazón de la comunidad organizada.

El aguinaldo, las vacaciones pagas, la jubilación, los convenios colectivos de trabajo, la protección frente al despido, los derechos sindicales, la salud pública, la educación, el turismo social, la vivienda obrera, la dignificación de la mujer trabajadora y la incorporación de millones de compatriotas a la vida política y social de la Nación no fueron concesiones del poder. Fueron conquistas del pueblo organizado, conducido por un movimiento político que entendió que gobernar es ampliar derechos.

El peronismo hizo algo que las minorías privilegiadas jamás perdonaron: puso al trabajador de pie. Le dio voz, derechos, salario, organización y conciencia de su propio valor. Por eso, cada vez que la Argentina vuelve a ser gobernada por proyectos oligárquicos, lo primero que atacan es el salario, la paritaria, el sindicato, al Estado y la memoria histórica de nuestras conquistas.

La justicia social, para el peronismo, es la garantía concreta de que todas y todos puedan partir de una misma línea de largada. Es salud pública, educación pública, salario digno, vivienda, seguridad social, paritarias libres, sindicatos fuertes y un Estado presente.

Frente al intento de convertir derechos en privilegios y a las y los trabajadores en sujetos aislados, reafirmamos que las conquistas del peronismo siguen siendo el piso mínimo de una sociedad justa. Aún cuando nuestro pueblo no las reconociera, forman parte de ese acervo colectivo que intenta ponerle un freno al capitalismo voraz disfrazado de ideas de la libertad. 

Después de la devastación neoliberal de los años noventa y de la crisis de 2001, Néstor Kirchner asumió la enorme tarea de reconstruir una Argentina quebrada, endeudada, desocupada y profundamente herida.

Néstor no vino a pedirle paciencia al pueblo. Vino a devolverle dignidad. Recuperó el rol del Estado, impulsó el empleo, reabrió las paritarias, fortaleció la negociación colectiva, promovió la industria nacional, desendeudó al país, defendió los derechos humanos y volvió a poner a la política por encima de los poderes concentrados.

Cuando Néstor dijo que no iba a dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada, estaba marcando una frontera histórica: la Argentina no podía volver a ser administrada de rodillas ante el FMI, los grupos económicos y los intereses extranjeros.

Cristina Fernández de Kirchner profundizó ese camino. Su gobierno amplió derechos, fortaleció el mercado interno, sostuvo el salario, impulsó la inclusión jubilatoria, la Asignación Universal por Hijo, la recuperación de YPF, la inversión educativa, científica y tecnológica, la defensa de la universidad pública y una concepción de soberanía nacional que puso a la Argentina de pie.

Néstor y Cristina demostraron que había otra forma de gobernar: con trabajo, consumo, producción, derechos, paritarias libres, inclusión y dignidad. Demostraron que el crecimiento sólo tiene sentido cuando llega a la mesa de las familias trabajadoras. Demostraron que no hay Patria posible si el pueblo queda afuera.

Por eso los atacan. Porque representaron, y representan, la posibilidad concreta de una Argentina distinta: una Argentina donde el Estado no sea enemigo del pueblo, sino herramienta de justicia social.

En este 1° de Mayo también reafirmamos nuestra solidaridad política, militante y democrática con Cristina.

Cristina es inocente. La persecución política, judicial y mediática contra ella no puede separarse del intento sistemático de disciplinar al movimiento nacional y popular. No se trata sólo de Cristina. Se trata del derecho del pueblo argentino a elegir libremente. Se trata de impedir que el poder económico, mediático y judicial decida quién puede representar a las mayorías populares y quién debe ser excluido de la vida política.

La proscripción de Cristina es una advertencia contra todo el movimiento obrero, contra el peronismo y contra cualquier dirigente que se anime a enfrentar los privilegios. Quieren castigar a quien recuperó YPF, amplió derechos, enfrentó a los fondos buitre, defendió la soberanía nacional y puso límites al poder concentrado.

Por eso decimos con claridad: exigimos la inmediata libertad de Cristina Fernández de Kirchner y el cese de toda forma de persecución política y proscripción.

Defender a Cristina es defender la democracia, la voluntad popular y el derecho del pueblo trabajador a tener una conducción política que exprese sus intereses. En una Argentina donde se pretende naturalizar la crueldad, la entrega y la pérdida de derechos, Cristina sigue siendo una referencia ética, política e histórica para millones de argentinas y argentinos que no aceptan vivir de rodillas.

Su libertad es también una bandera del 1° de Mayo. Porque no hay justicia social sin democracia plena. No hay democracia plena con dirigentes populares proscriptos. Y no hay Patria libre con el pueblo trabajador perseguido, empobrecido y desorganizado.

La realidad de la entrega soberana de Milei

El gobierno nacional de Javier Milei representa la negación absoluta del legado histórico del peronismo. Bajo las directrices del Fondo Monetario, se pretende presentar como “superávit fiscal” lo que en realidad es hambre, recorte, desfinanciamiento de las provincias, paralización de la obra pública, caída del empleo, destrucción del salario y endeudamiento cotidiano de las familias trabajadoras.

Mienten con los números. Mientras celebran una estabilidad ficticia, en los hogares argentinos se multiplica la angustia: alimentos cada vez más caros, tarifas impagables, alquileres imposibles, transporte inaccesible, medicamentos fuera del alcance de las y los jubilados y salarios que pierden todos los meses contra el costo de vida.

El plan económico no busca ordenar la Argentina. Busca disciplinarla. Por mandato foráneo, el modelo de Milei busca que el trabajador acepte peores condiciones laborales por miedo a perder el empleo. Que las paritarias dejen de ser una herramienta de recuperación salarial. Que la organización sindical sea debilitada. Busca que tener recibo de sueldo sea un privilegio, y que el salario apenas alcance para sobrevivir.

El superávit que exhibe Milei se construye sobre el hambre del pueblo y sobre la asfixia de las provincias. Es un superávit sin justicia social, sin producción, sin federalismo y sin Nación. Es la institucionalización de la crueldad como política de Estado.

La entrega soberana se expresa también en el modelo económico que promueve el gobierno nacional: apertura indiscriminada, primarización de la economía, endeudamiento externo, beneficios extraordinarios para grandes capitales, debilitamiento de la industria nacional y desprecio por las pequeñas y medianas empresas.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, presentado como una oportunidad, es en verdad una herramienta de entrega si no se lo piensa desde una perspectiva nacional, productiva y soberana. No queremos una Argentina de enclaves para pocos, con privilegios fiscales para capitales concentrados y abandono para quienes producen y trabajan todos los días en nuestro país.

Mientras se otorgan beneficios extraordinarios a grandes grupos económicos, nuestras pymes sufren la caída del consumo, el tarifazo, la apertura indiscriminada, la pérdida de competitividad y la falta de crédito. Mientras se prometen inversiones sin arraigo nacional, se destruye la producción cotidiana que sostiene el empleo real en nuestras ciudades.

La reforma laboral impulsada por Milei es parte de la misma ofensiva. Bajo el discurso de la modernización, se esconde un programa de precarización, despidos más baratos, debilitamiento sindical y pérdida de derechos. El intento de limitar el derecho de huelga, de bloquear acuerdos paritarios y de intervenir para que los salarios pierdan frente a la inflación constituye un ataque directo a la democracia social.

Juan Domingo Perón institucionalizó derechos laborales que transformaron para siempre la vida del pueblo argentino. Y después de la larga noche neoliberal de los años noventa, fue Néstor quien recuperó las negociaciones colectivas, devolviéndole poder a los sindicatos, dignidad al salario y capacidad de consumo a las familias trabajadoras.

Hoy asistimos a una traición histórica. El gobierno de Milei interviene para impedir que los salarios recuperen poder adquisitivo, se niega a homologar acuerdos libres y pretende imponer un techo salarial por debajo de las necesidades reales de nuestro pueblo.

No hay libertad de contratación cuando el Estado interviene únicamente para que el trabajador pierda. No hay democracia cuando se bloquean los acuerdos paritarios. No hay respeto constitucional cuando se desconoce el derecho a una retribución justa, a condiciones dignas de labor y a la negociación colectiva. Hablan de libertad mientras someten al pueblo trabajador al miedo, el endeudamiento y la subsistencia.

Nuevas formas de trabajo: atomizar para desorganizar

La ofensiva del gobierno de Milei no se limita a bajar salarios, frenar paritarias o facilitar despidos. Su objetivo más profundo es desorganizar al pueblo trabajador.

Las llamadas “nuevas formas de trabajo” son presentadas como modernización, libertad o emprendedurismo, pero en realidad encubren nuevas formas de precarización. Plataformas como Uber, Rappi, Pedidos Ya y otras modalidades similares instalan una lógica donde cada trabajador aparece solo frente al algoritmo, sin patrón visible, sin convenio colectivo, sin jornada clara, sin salario garantizado y sin derechos plenamente reconocidos.

En esa misma línea se inscribe la figura del colaborador independiente: una construcción jurídica que expresa con claridad el sentido de época que promueve este gobierno. Buscan reemplazar la relación laboral por vínculos fragmentados, aislados, aparentemente autónomos, pero profundamente desiguales. Buscan borrar la responsabilidad patronal, debilitar la organización sindical y transformar derechos colectivos en arreglos individuales.

No es casualidad. Es doctrina. 

Es el culto al individualismo llevado al mundo del trabajo. Quieren convencernos de que cada trabajador debe salvarse solo, competir contra su compañero, negociar en soledad y aceptar que la precariedad sea presentada como libertad.

Pero la historia del movimiento obrero argentino demuestra exactamente lo contrario: un trabajador aislado es más débil; un pueblo organizado es invencible.

Por eso, frente a este intento de atomización, el peronismo reafirma la vigencia de la comunidad organizada. Donde el neoliberalismo propone individuos solos, el peronismo propone trabajadores unidos. Donde el mercado impone precariedad, el peronismo defiende derechos. Donde Milei propone desorganización, nosotros buscamos organización, solidaridad y justicia social.

Porque no hay libertad real cuando el trabajador está solo frente al poder económico. Porque no hay modernización si se destruyen derechos. Porque no hay Patria sin comunidad organizada.

El proyecto de Milei no quiere trabajadores con derechos: quiere individuos aislados, endeudados, precarizados y despolitizados. Quiere destruir el lazo solidario, romper la organización colectiva y reemplazar la comunidad organizada por una sociedad fragmentada, donde cada uno deba arreglárselas como pueda.

Frente a ese modelo de crueldad, entrega y desorganización, el peronismo tiene una tarea histórica: defender la Patria, defender el trabajo argentino, defender la organización sindical, defender la democracia y reconstruir la esperanza popular.

En este 1° de Mayo, desde el Partido Justicialista de Mar del Plata reafirmamos nuestro compromiso con cada trabajadora y trabajador, con cada familia que resiste, con cada pyme que sostiene empleo, con cada jubilada y jubilado que merece vivir con dignidad, y con cada joven que sueña con una ciudad mejor. Como nos enseñaron Perón, Evita, Néstor y Cristina. Para que vuelvan los días más felices. 

¡POR UNA MAR DEL PLATA CON TRABAJO, JUSTICIA Y SOBERANÍA!



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